"El gafe" Ultimo capitulo

    • juanluis2
      juanluis2
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      Registro: 03-01-2010 Artículos: 128
      Aqui teneis el ultimo capitulo, y el enlace con los anteriores. Gracias por vuestra lectura.

      Capitulo 1 "El gafe" capítulo 1

      Capitulo 2 "El gafe" capítulo 2
      Capitulo 3 "El gafe" capítulo 3


      4


      Al profesor muerto lo encontró un compañero que se encontraba en el despacho de al lado. Era ya tarde, tanto que le extrañó que alguien más estuviese en el pasillo, ya que él no solía demorar tanto su salida de la Facultad, y por eso la luz que vio por debajo de la puerta le invitó a llamar; y al ver que no contestaba nadie entró descubriendo el cuerpo tendido sobre el examen de Lorenzo. No se supo nunca a ciencia cierta como corrió el rumor acerca del detalle del examen; pero el caso es que en pocos días era vox populi.
      -¿Te habrás enterado, no?. Fue lo que preguntó Laura a su prima en cuanto se hizo partícipe de lo que se hablaba por la Universidad.
      - Sí, si me he enterado; contestó Silvia con una sequedad defensiva. Pero nada pienso hacer al respecto.
      - ¡Ya!. No sabes donde te estás metiendo. Tu sigue viéndole, y veremos como acaba todo.
      Silvia que se encontraba sentada en el sofá viendo el televisor, continuó mirándolo sin torcer el cuello, mostrando su total apoyo a su conducta.
      - Y hasta serás capaz de enfadarte conmigo, e incluso podrás retirarme la palabra si es necesario; decía Laura con aire resignado y con voz suave. Porque así es el amor, y así será siempre.
      Los alumnos de fuera de la ciudad fueron puestos pronto al corriente de todo lo que ya había pasado antes de este incidente. También recibían con expectación las historias de quienes ya le conocían tiempo atrás, los que siendo de la ciudad , solo habían escuchado anécdotas , y se maravillaban de que lo que era una leyenda adolescente local fraguase delante de sus ojos. Lorenzo por su parte permanecía tranquilo. No dudaba de la veracidad de la historia, es más, estaba plenamente convencido de que el examen era el suyo; pero él ,como todas las mañanas; se dirigía a la cafetería de la Facultad, pedía un café con leche, leía el periódico y programaba mentalmente el día, volcado en su carrera.
      Silvia sintió la necesidad de llamarlo por teléfono.
      - ¿ Como estás?, le preguntó de manera genérica, aunque le pareció que era una alusión expresa al tema. Lorenzo permaneció en silencio, y al poco dijo con una quebrada voz que estremeció a Silvia.
      - ¡ Voy a entregarme a la Policía!.
      - ¿ ¡Como!?, pero tu no has hecho nada, le dijo ella con gran indignación. Entonces el soltó una tremenda carcajada.
      - ¡ Eres un imbécil!, dijó avergonzada por haber caído con tal facilidad.
      - Perdona, es que estoy tan acostumbrado que hasta me gusta bromear con el asunto. Por supuesto que no me voy a entregar a la Policía. No hay supuesto en el Código Penal para encerrarme. ¿ Esto te parecerá un poco siniestro?, ¿ no es así?.
      - Un poco, sí. La verdad es que es un poco siniestro. Me siento un poco rara hablando del tema. Pero, ¿ tu como te tomas todo lo que dicen de ti?.
      - Pues ya simplemente me da igual. Me he acostumbrado a la soledad ,y a encerrarme en los libros, las películas, y todo lo que no necesita de lo demás. Sí te digo la verdad eres la primera chica con la que voy al cine en toda mi vida.
      - Pues quiero que sepas que me lo pasé muy bien contigo.
      - ¿ Y volverías a ir?.
      - Sí, contestó Silvia con total convicción.
      - Pues yo tengo que pensar seriamente si quiero que vuelvas a salir conmigo. No es por falsa autocompasión , ni nada de eso, pero no quiero que te pasa nada. Soy una bomba peligrosa, muy peligrosa; y te puede estallar en cualquier momento.
      - ¡ Quizás no me importe morir guerreando!.
      - Puede que a ti no, pero a mí si.
      Y todo esto fue lo que ocupó el pensamiento de Lorenzo durante varios días, y generalmente llegaba a la conclusión de que si realmente la quería quizás fuese mejor no seguir; pero ella le llamaba con regularidad, y despertó en él la profunda esperanza de que quizás todo acabará de la noche a la mañana y pudiera ser feliz junto a ella. Volvieron a salir unas cuantas veces más , y puesto que nada le ocurría a ella continuaron viéndose. Llegó por supuesto el momento de transformar en caricias, lo que comenzó en agradables conversaciones. Hicieron el amor en un hostal, y cuando al día siguiente leyeron en el periódico que ese mismo hostal había sido atracado después de que ellos se marchasen no pudieron contener la risa. Silvia parecía inmune a los efectos de Lorenzo, pero su impresionante estela de desgracias continuaba su camino. Durante tres meses seguidos todos lo que se sentaban a su derecha en clase acabaron con una pierna o un brazo roto. Un profesor se volvió tan exigente que suspendió a todos excepto a Lorenzo en un examen, y eso que se presentaron ciento cincuenta personas. El caso es que fueron pasando los años de Universidad, y su relación fue haciéndose fuerte . Se licenciaron ambos, y puesto que la fama de Lorenzo ya había alcanzado proporciones gigantescas, no encontraba trabajo a pesar de su intachable expediente. Optó entonces por hacer una oposición, que aprobó a la primera , y le permitió trabajar en un programa para la conservación de varias especies en vías de extinción. Pero estas especies fueron desapareciendo una tras otra, merced a una inexplicable falta de reproducción de todas aquellas en las que trabajaba directamente. Sus superiores no podían despedirle, pues no encontraban acomodo legal para hacerlo. Sin embargo si era posible ir destinándolo a lugares diferentes; pero sitio al que llegaba, sitio donde se extinguía algún animal. El historial era ya tan inabarcable que se convirtió en una celebridad nacional. A pesar de todo, sus artículos en revistas especializadas le iban dotando de un gran prestigio profesional; pero cada vez más, los municipios a los que era destinado recibían con cierta desazón su visita. En uno de ellos, el Alcalde que hasta entonces era conocido por su inmaculada honradez, dejó sin blanca las arcas municipales; lo que motivó otro de sus innumerables traslados. En otro , una sequía histórica echó a perder las cosechas de toda una comarca. En total fueron diez los traslados que sufrió la pareja en pocos años. Finalmente la suerte parecía haber cambiado de pronto en una pequeña población al norte del país donde durante dos años no sucedió nada, absolutamente nada que fuese achacable al joven biólogo.
      Un día se encontraban paseando por el campo, cuando divisaron un árbol bajo cuya sombra se sentaron. Silvia pasó el brazo derecho por detrás de la espalda de Lorenzo, y el izquierdo por delante a la altura de lo que sería el ombligo si no llevase camiseta; y apoyó su cabeza en su hombro.
      -¡ Que feliz soy!.
      -¡Yo también!. Jamás pensé que mi vida fuese a cambiar, y sin embargo así ha sido. Estos verdes prados me hacen apreciar la esperanza.
      -¡Háblame cariño!, ¡Háblame como tu sabes!.
      Lorenzo sonrió ; y miro al frente.
      - La caprichosa vida quiso repetir hasta la saciedad, la improbabilísima posibilidad de estrellarme siempre contra el mismo muro; pero la fortuna tiene sus épocas y la actual es benigna como el agua que besa los campos, o la salud cuando ponemos empeño en no despeñarnos por los abruptos riscos de la dejadez.
      - Soy tan dichosa a tu lado.
      - ¡Mi dicha es tu dicha!.
      - ¿Mi dicha es tu dicha?.
      - Completamente. Lorenzo se soltó de los brazos de ella y se puso en pie al borde de la sombra, desde donde divisaba el pueblo que les había acogido.¡ Por ti…!. Por ti sería capaz de retar a Mike Tyson solo por haberte mirado. Ahora mismo cogería un avión, y le diría al taxista neoyorkino que te enviase mis dientes por paquetería urgente. Por ti ,mis pies sentirían tal libertad en un campo de futbol que le quitaría el balón a Messi, le haría un caño a Sergio Ramos; y me diblaría a Casillas para rematar a portería vacía un gol de tacón. Porque tu, ¡ oh tu mi amor!, supiste enfrentarte a la superstición para darme la oportunidad que merece todo ser humano. Con pura inocencia Lorenzo se dio la vuelta y le preguntó.
      - ¿ Te gustan los negros con la polla grande?.
      Silvia se quedó perpleja.
      - Pero, ¡ que forma de hablarme es esa!. No me gusta nada que me hables así.
      El , que percibía una completa relajación en su rostro supo que no hubo el más mínimo afán de ofenderla. Su pensamiento dedujo que la procacidad natural es difícilmente asociable a las palabras de amor. Por eso con una cándida sonrisa, se acerco a ella, puso su rodilla derecha en el suelo, apoyó su brazo izquierdo en el muslo de la pierna izquierda, y con la mano derecha acarició su rostro.
      - ¡Olvida lo que te he dicho!.Siempre he fantaseado con hacer actriz porno a la mujer que amo. Es una buena terapia contra los celos. Pero si solo quieres ser mía , mía serás.
      - ¡Menudo loco estas hecho!. Ambos se levantaron. Ella le rodeó con sus brazos y le besó. ¿ Que quieres que te haga para comer?. Te haré una ensalada con cinco ingredientes como a ti te gustan. Cuatro vegetales y uno especial. Quizás le eche ventresca de atún, o gambas de cincuenta piezas el kilo. ¿ Que te parece?.
      - Me parece que mi bigote tiene más ganas de moverse que un epiléptico bailando break-dance.
      Al llegar al pueblo ,un cuponero se encontraba frente a ellos.
      - ¡Vamos a comprar uno, seguro que nos toca!. Dijo Silvia. Compraron el 74728. Esa noche miraron en internet cual era el número ganador; y fue el 74728; que conllevaba un premio de trecientos mil euros. Hicieron el amor durante toda la noche. Por la mañana Lorenzo se vistió, y antes de salir del dormitorio ella le dijo:
      - ¡Cariño!. Puedes hacerle una copia de la llave de casa a mi madre. Viene este mediodía.
      - Sí, pero no se las podré dar hasta la noche porque voy a ir a la ciudad a comprar truchas ahumadas y ver al médico.
      - Pues menudo fastidio. Ya sabes como es. Me levantaría ahora mismo si pudiera, pero esta maravillosa noche que hemos pasado juntos me ha dejado rendida y no quiero levantarme; pero no sé si mi madre aguantará ocho horas sin llave.
      - ¡Te diré lo que vamos a hacer!. Me das tu llave. Se la doy a la vecina. Le explico el asunto. Que ella vaya a hacer una copia antes de que venga tu madre; y luego te deje las dos llaves en la mesa del salón.
      - ¡Perfecto!.Dile que estoy enferma.
      Lorenzo cumplió con el plan prometido. Por la tarde; cuando volvió al pueblo antes de lo previsto vio una columna de humo, la cual procedía de la zona en la que se encontraba su casa. Al cruzar la esquina divisó su casa quemada, y a su vecina y la madre de Silvia llorando. La lógica era una de sus mejores virtudes. Anticipaba la especulación del párrafo siguiente por el anteriormente leído. Realizaba magníficos resúmenes de la primera lectura. Seguramente a poco metros cuadrados de allí se encontrase el cadáver de Silvia. Sus ojos comenzaron a humedecerse lentamente, y su mandíbula cobraba la fuerza que causa la rabia. Salió del coche y comenzó a andar hacía ellas. Durante ese pequeño trayecto fue asumiendo que todo volvía a ser igual. El era el gafe; y la felicidad le estaba absolutamente prohibida. Cuando la vecina le vio; se abrazó a él.
      - Ha tenido que ser horrible. Dijo entre incontenibles sollozos. ¡Pobre Silvia!, ¡pobrecita mía!.
      Lorenzo sin mediar palabra se quitó de encima los brazos de su amiga, y fue andando lentamente hacía su casa. Entro en ella, subió los quince escalones que conducían a la segunda planta donde estaba el dormitorio y vio el cuerpo negro de su amada. Se acercó, se puso de rodillas y le besó en los labios.
      Un par de meses después solicitó viajar a la Antártida con un equipo de biólogos. Le concedieron la plaza. Todos los días se entretenía viendo las grandes extensiones blancas y acordándose de Silvia. Así fueron transcurriendo los días hasta que finalmente ,un meteorito del tamaño suficiente impactó contra el planeta destruyéndolo.


      FIN
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