"El gafe" capítulo 3

    • juanluis2
      juanluis2
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      Registro: 03-01-2010 Artículos: 128
      Aquí tenéis el capítulo 3 de 4 . También os dejo el enlace con los dos primero.

      Capítulo 1 "El gafe" capítulo 1

      Capítulo 2 "El gafe" capítulo 1



      3
      A los dieciocho años se había convertido en un joven envidiable si no fuera por su enigmática constancia en deshacer toda buenaventura que rozaba su órbita. Era un inteligentísimo estudiante y poseía una gran belleza. Era rubio, alto, con los ojos azules, y un trabajado cuerpo a base de practicar deporte en solitario. Tenía unas excelentes marcas en las pruebas de velocidad, aunque nunca intentó participar en ninguna competición, acostumbrado a la soledad , que motivó también que fuera aficionándose a los animales. Conocía a los pájaros por su canto. Tuvo perros, gatos, y hasta tortugas en su casa. Con gran frecuencia acudía al zoo, donde, a pesar de que fuese el sitio perfecto para encontrar un balneario para curar su mal, si nos guiásemos por los finales de novelas, películas y leyendas; también sucedieron inevitables acontecimientos. Hubiera sido ciertamente hermoso que entre animales acabase la mala suerte. Tendríamos la sensación de que hay relación de causa y efecto entre lo que hacemos y lo que nos depara el futuro; y que los malvados serán castigados, y los buenos de corazón encontraran consuelo. Era conmovedor observarle a veces acercar su cara a alguno de los varios perros que tuvo, hasta tocar con su mejilla su pelo, y acariciarle con la mirada pérdida, pensando seguramente en la escasez de ternura que caracterizaba su relación con los otros niños. En el zoo, un empleado fue devorado por un león el día del décimo cumpleaños de Lorenzo mientras lo celebraban él y sus padres a pocos metros. Tanta era su devoción por los animales que se decidió a estudiar Biología en la universidad. Un día ,mientras esperaba haciendo cola para entregar la matrícula, reparó en que a pocos metros se encontraba una chica a la que cazó mirándole de vez en cuando. Ella apartaba la mirada cuando Lorenzo sostenía la suya.
      -¿ Conoces a aquel de allí?, preguntó la joven a otra que estaba a su lado.
      -¿Cuál ?, ¿el rubio de la camisa azul?.
      -Sí, ese .¡Que guapo es!.
      -Sí que lo conozco , y vete olvidando porque nada bueno te traería.
      -¿ Por que?, ¿es un vividor rompecorazones?.
      - No, es mucho peor que eso. Es el tío más gafe que hay en el mundo. Si te acercas mucho, algo te pasará.
      -¿ Pero que tonterías estas diciendo?.¡ Oye ¡, ¡ que vamos a estudiar psicología Laura!.
      - ¡ Supongo que crees que soy una supersticiosa por decirte lo que te he dicho!. Pero pronto lo verás.Algo pasará a su alrededor de aquí a nada. No hay mes en que no suceda algo.
      - Sí hombre sí. ¿Se va a caer el techo?.
      - Bueno, ya lo comprobarás por ti misma.
      - ¡ Que guapo es, virgen de Dios!.¡Que guapo!.
      Silvia iba a estudiar psicología en la ciudad junto con su prima Laura. Era una recién llegada que iba a vivir en casa de su prima durante su licenciatura. Desde aquel día quedó prendada de Lorenzo, y cada vez que se lo cruzaba por el campus se quedaban unos segundos mirándose. Se creo cierta complicidad, y ya no negaban que se conocían ,porque al tiempo se saludaban con un escueto hola. Laura, a la que su prima bombardeaba con palabras sobre su amor no paraba de aconsejarla para que olvidara todo, y no tentase al destino. Le contaba toda clase de historias sobre el pasado, y la verdad es que Silvia se quedaba sorprendida de lo que oía, pues sabía que no le estaban mintiendo; y a veces guiada por la prudencia se decía que debía intentar fijarse en otro chico. Pero dejarse llevar por esos pensamientos le trastornaba , sobre todo cuando en alguna clase las exposiciones del profesor hacían hincapié en el cambio histórico sufrido por el pensamiento humano, transformado con el paso de los siglos en rigor científico. Y además, sentía una profunda lástima de su situación, porque empezó a observar la soledad de quien iba poco a poco agitando sus sentimientos. Deseaba poder hablar un poco más , y esa oportunidad la tuvo un día desapacible de invierno en el que de pronto comenzó a llover. Silvia se encontraba en la puerta de la biblioteca esperando a que escampase para poder marcharse a casa, y a los pocos minutos apareció él con un paraguas, pero la lluvia era tan fuerte que decidió no salir hasta que bajase la intensidad.
      - ¿ No tienes paraguas?, le preguntó.
      - No, cuando vine hacía viento, pero no había llovido en todo el día. Y la verdad es que estaba nublado.
      - ¿ A donde vas?.
      - Pues voy andando a casa, pero hoy me conformaría con llegar a la parada de taxis y coger uno.
      - Sí quieres te llevo hasta allí.
      Parecía que con ello Silvia rompiese un gran tabú, y se extrañaba de que Lorenzo también lo hiciera, pero ,¿qué estupidez estaba pensando?, ¿acaso no podía ir acompañada unos metros por un chico?.
      - Bien, ¡perfecto!.Esperaron a que lloviese con más suavidad, y fueron hasta la parada, en la que no había ningún taxi.
      - ¿Qué es lo que estudias?, preguntó Lorenzo.
      - ¡Psicología!, ¿ y tu?.
      - Biología.
      - ¿Te gustan los animales?.
      - Más que las personas.
      Silvia estuvo a punto de decirle, “eso es porque eres gafe ¿no?”.
      - Si , hay alguno que otro que es mucho peor. Esperaron unos minutos, pero no aparecía ningún taxi. Lorenzo empezó a darle vueltas a la idea de invitarla a un café. Allí , en su ciudad no había tenido nunca relaciones sexuales con ninguna chica a pesar de su belleza, porque todas estaban convencidas del poco recomendable rumbo que podía tomar sus vidas después de una relación próxima a Lorenzo. Su única experiencia aconteció fuera, durante una vacaciones. Se encontraba en un hotel costero pasando una semana con sus padres. Conoció a una chica, y una tarde en la que aquellos estaban en una excursión organizada, fueron a su habitación e hicieron el amor. Aquel primer encuentro sexual tuvo su inevitable consecuencia, ya que aquella chica acabo enferma el resto de sus vacaciones sin poder salir de la cama. Según esta premisa Silvia era una buena oportunidad para él. Con seguridad ya habría escuchado algo , pero no creería nada de lo que seguramente considerase habladurías de la gente. La invitó al café, y charlaron entretenidamente. Cuando se despidieron, intercambiaron sus teléfonos.
      Silvia llegó a la casa de sus tíos nerviosa , aunque con una alegría que le inquietaba el cuerpo. Durante la cena no intercambió apenas palabras con su prima, la cual apenas notaba nada raro porque tenía la costumbre de pasársela entera mirando la televisión. Al finalizar, mientras recogían los platos, Silvia sintió la necesidad de comentar su encuentro.

      -¡Oye!. Dijo con una enorme sonrisa.

      -¿Sí?.

      - ¿ A que no sabes con quién he tomado café?.

      -¿ Con quién?.

      -Con Lorenzo. Laura dejó de recoger los platos en ese instante y miró muy seriamente a su prima. No quería mostrarse sorprendida ni ponerse a gritar histéricamente, ya que poseía cierta frialdad para estas situaciones, y considerando muy seria la situación, le preguntó.

      -¿ Y que ha pasado?.

      - Pues que le he dado mi teléfono, y él a mí el suyo. Y espero que me llame pronto porque si no lo llamaré yo a él, y me da igual lo que me digas porque he hablado un rato con él y es de lo más normal.

      - Es de lo más normal ¿no?.Pero es que vas por el lado equivocado. ¿Quién te ha dicho que no sea normal?. ¿Acaso pensabas que era un retrasado?. No es nada de eso, y te diré más, tiene una inteligencia prodigiosa. Aprueba los exámenes como quiere, y se licenciará sin problemas, puede incluso llegar a ser un gran biólogo y demás. Pero es que eso no tiene nada que ver. Ese tío provoca auténticas desgracias a su alrededor . Algunas parecen cómicas , pero otras te pondrían los vellos de punta. Volvió a recoger los platos, y se encaminó hacía la cocina. Su prima la siguió. Comenzaron a meter los platos en el lavavajillas, hablando sobre la cuestión, una vez cerró el lavavajillas Laura cogió de los hombros a su prima.

      - ¡ Escuchamé!.¡ Olvídate de todo!. Alrededor de ese solo hay infortunios, y hasta muerte Silvia, ¡muerte!.

      - Pero…, eso es altamente improbable y además es cruel.

      - Improbable, ¡tu lo has dicho!, ¡ ese es el primer paso!. Es tan improbable como el hecho de que tu seas tu, y no uno de los miles de millones de seres vivos que han poblado la tierra en toda su historia, ¿verdad?. Has podido ser un insecto en la segunda guerra mundial , o un ácaro de un dinosaurio en el cuaternario. Ser uno mismo es el producto de una lotería más complicada que acertar la bonoloto veinte veces seguidas, pero es así y no es de otra forma, pues esto es lo mismo. Tu eres Silvia González Hernández , y no otro ser vivo ¿verdad?. Pues ese tío destroza todo lo que toca y ya está , y te darás cuenta rápido, pero lo que no quiero es que a tí te pase algo.

      Silvia iba siendo despojada de fuerzas por las palabras de su prima. Quería creerla. Sabía que la quería. Pero la atracción que sentía hacía Lorenzo se convertía con estas palabras en algo más profundo.

      - ¿ Y que debo hacer?, ¿no hablarle?.

      - No hablarle, no mirarle, todo lo que sea con tal de que escapes de su influjo.

      - Me sentiré culpable.

      - Bueno, pues eso es mucho mejor que sufrir una desgracia que puede ser irremediable. Mira Silvia. Ahí en la calle esta misma noche habrá cientos de mendigos que no tienen donde dormir. ¿Y salimos a ofrecerles nuestra casa?. No. Seguimos viviendo con un sentimiento de compasión que en realidad es sincero, pero lo aceptamos y no hacemos nada más allá de presionar para que el gasto público se acuerde de ellos. Pues algo parecido debes hacer. Y el gran problema es que Lorenzo está más bueno que el pan, si no fuera por eso no sufrirías tanto.

      La intensidad con que su prima pronunciaba sus palabras la tenían abatida. Calló asumiendo que quizás fuera verdad lo que estaba escuchando. Esa noche tumbada en su cama pensaba con tristeza en que debía olvidarse de la profunda atracción que Lorenzo ejercía sobre ella. Durante los días sucesivos, de vez en cuando miraba la agenda de su teléfono móvil para ver el número que con tanta alegría había guardado. Incluso a veces lo tecleaba, pero sin darle al botón para llamar. No volvió a cruzarse con él en una semana. Sólo lo vio una vez de lejos y cambió el rumbo de sus pasos para evitarlo. Por su parte Lorenzo, pensaba con frecuencia en aquella chica que había querido pasar un rato junto a él, pero no quería llamarla, ya que pensaba que si salía de su parte, en el momento en que pudiera pasarle algo sería responsable. Se dedicó a estudiar para un examen que tenía en breve. Cuando lo hizo, dado el brillante examen que había hecho y que todavía no había ocurrido nada durante su estancia en la Universidad; se sintió con fuerzas para llamarla, y así lo hizo. La llamada pilló completamente desarmada a Silvia, que no sabía ni que decir.

      - ¡Ya te habrán hablado de mí!, ¿es eso no?.

      - No, no…. Ella intentaba ocultarlo aunque con muy poca convicción.

      - No te preocupes, estoy acostumbrado. Solo es que he hecho un gran examen y me apetecía celebrarlo de algún modo con alguien, pero será mejor que no.

      Lorenzo colgó para hacerle más fácil la incómoda situación. Ella se sentía francamente mal por no haberle dicho que si quería verle. En realidad lo deseaba. La creciente culpabilidad que iba poco a poco atormentándole acabó por explotar y decidió llamarle. El se negó al principio con todas sus fuerzas. Estaba casi seguro de que era solo su honestidad la que la llevaba a tomar esa decisión, y no quería que aquella relación se fundase en un reto moral por parte de Silvia, pero fuera amor o la necesidad de acallar a su conciencia, se mostró tan convencida en que debían verse que finalmente le convenció. Fueron al cine a ver una película, sobre la que charlaron al final tomando una copa en un bar cercano. Para él aquella situación era completamente maravillosa. En la soledad de su cuarto muchas veces había imaginado conversaciones con alguna chica inteligente. Y en ese momento se estaba cumpliendo aquella natural e insistente por escasa , fantasía. Fue conectando la película con otras del director, desmenuzándola con vivo interés; y transmitiéndole lo que él consideraba que debería tener una obra para conmover a un espectador. Ella escuchaba con atención sus palabras. Le gustaba especialmente el énfasis que ponía en que no se debía buscar con tanta ansía una causa que explicase la emoción vivida ante una obra de arte, sino que en primer lugar debía valorarse la emoción que esta causaba para después por el mero placer de buscar lo que la motiva intentar averiguar de donde procede. Con este complemento psíquico tan perfecto ,ella iba notando que comenzaba a quererle realmente; y el rechazo en que vivía Lorenzo le parecía un motivo perfecto para ser valiente, y vivir experiencias que realmente pudieran ser dignas de ser vividas, aunque solo sean por su patetismo. Al igual que mucha gente abandona una vida cómoda en occidente, para ir a ayudar desinteresadamente a países pobres, ella podía encontrar en él algo realmente excepcional por lo que merecía la pena , y esto lo pensaba con cierto escalofrío, incluso morir. Su encuentro también causó cierto optimismo en Lorenzo llegando a pensar que quizás todo se acabase y pudiera vivir una vida tranquila y normal. Pero unos días después se estrenó su fatalidad en la Universidad, ya que el profesor de la asignatura de la que se había examinado apareció muerto, por causas aparentemente naturales, en su despacho mientras corregía su examen precisamente.
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