"El gafe" capítulo 2

    • juanluis2
      juanluis2
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      Registro: 03-01-2010 Artículos: 128
      Aquí tenéis el capítulo 2 de 4. tb el enlace con el primero.

      Capítulo 1http://es.pokerstrategy.com/forum/thread.php?threadid=96898



      2

      El niño creció sano y fuerte, pero una serie de sucesos hicieron pensar a sus padres, y poco a poco a todos los que les rodeaban , que le acompañaba una especie de fatalidad inevitable; y que lo sucedido el día de su nacimiento , no era más que una carta de presentación. De sus primeros años se pueden destacar de entre lo que sucedía por donde él pasaba, un par de acontecimientos. El día de su bautizo, en una pequeña comida que realizaron sus padres; el sacerdote invitado para la ocasión comenzó a comer compulsivamente, sin parar prácticamente entre bocado y bocado. Los que lo observaban, veían como iba ingiriendo lonchas y lonchas de jamón, langostino tras langostino, platos de queso, y todo tipo de embutidos nada más comenzar. Se apreciaba en su rostro una felicidad completa al mirar cada uno de los alimentos que se postraban delante suyo . No habló nada durante todo el tiempo que duró la comilona. Los invitados que tenían al padre Antonio por un hombre austero, no salían de su asombro viéndolo comer. Una vez acabados los entremeses, repitió hasta cinco veces el plato de carne posterior; y en el postre se comió los trozos de tarta de los doce comensales que le acompañaban en la mesa, que ante tal espectáculo ni recordaban que podían comer su ración. Por si no fuera poco, al acabar se ventiló dos botellas enteras de licor de cerezas; y al acabar con la segunda cayó en redondo; y tuvo que ser hospitalizado durante diez días. Más tarde pidió disculpas en una homilía, argumentando que no sabía explicar que pudo pasarle por la cabeza , pero que no podía parar. Por otro lado , cuando Lorenzo cumplió seis años ,abrió la puerta de su casa, y se encontró a un técnico con la puerta del ascensor abierta. El señor estaba arreglándolo, pues se había vuelto a estropear nuevamente desde la última vez ,que fue el día en que vino al mundo. Se sentó en la escalera para ver como era aquello, mientras se comía un bocadillo. Justamente cuando se introdujo el último pedazo en la boca, el técnico cayó por el hueco. Murió al instante.
      Así de inquietante era la presencia de Lorenzo. En el colegio convirtió a su clase en la de mayor índice de faltas de asistencia por enfermedad de toda la comarca. Todo esto hizo que nadie quisiera acercarse a él, y se convirtió así en un niño solitario , aunque exento de cualquier perturbación. Para él, la mala suerte que iba repartiendo allá por donde pasaba era familiar y cosustancial a su persona. Los que habían hablado alguna vez con él, decían que sentían la misma sensación que se experimenta cuando hablamos con un ciego, o con alguien que va en una silla de ruedas; donde el problema acaba pareciendo mayor en la psique del que no ha sufrido la desgracia ,que en el que es portador de la misma. “ Pero si es un niño de lo más normal”, decían muchos.” ¿ Y como pensabas que debía de ser?”, era la respuesta de sus padres. Estos, lo amaban profundamente, a pesar de que sufrían su cercanía. Su padre había sido despedido tres veces. Su madre tardó un poco más en sufrir sus efectos. Esta circunstancia, le parecía a ella de lo más poético. Rememoraba en su relación con Lorenzo, las historias de algunas películas, donde el protagonista redime su aparente maldad en la pureza del amor. Pero, a pesar de que fue inmune a su hijo durante los primeros diez años de su vida, cuando se matriculó en la Autoescuela para sacarse el carnet de conducir, las incorpóreas ramas del poder destructor de Lorenzo hicieron su trabajo. Suspendió treinta veces el examen práctico. En cuatro ocasiones atropelló a un peatón, y además nadie de los que se examinaron el mismo día que ella lograba aprobar. Los examinadores se volvían tremendamente quisquillosos con la normativa, y siempre encontraban una causa irrebatible con la que suspender. Aún hoy no ha logrado aprobar, pero eso, por una razón que se sabrá más adelante ,carece de toda importancia.
      Lorenzo estudiaba en el mismo colegio en que su padre era profesor de Educación Física. Un día, su padre esperaba al director del colegio en una pequeña estancia situada a la puerta de su despacho, cuando sonó su teléfono móvil.
      - ¿ Diga?.
      - ¿ Eugenio?. ¡ Oye, hoy no voy a poder recoger a Lorenzo como quedamos!. Lo puedes traer tu a casa antes del partido.
      - No, no voy a poder, porque el partido es en un pabellón que está en dirección contraria , y además vamos con el tiempo justo.
      - Pues, llévatelo al partido, y luego vais juntos a casa.
      - ¿ Que me lo lleve al partido?. Entonces se perderá la clase de inglés.
      - Bueno da igual, por un día no va a pasar nada. Su marido permaneció en silencio.
      - ¿ Que pasa, Eugenio?.
      - No , nada, es que el partido no es que sea importante, es que es la final.
      - ¡Joder!. Pues, no sé…; ya lo hemos hablado muchas veces cariño. Tenemos que vivir como una familia normal. Te lo llevas, y cuando lo vean los jugadores, pues… nada, que se siente en la grada, y si pierden a lo mejor es que son un poco paquetes.
      - ¿Paquetes?.Tenemos un equipo para meterles una paliza de campeonato, pero en fin, que pase lo que tenga que pasar.
      - Tu lo has dicho cariño. Venga, luego me cuentas.
      Eugenio colgó el teléfono. Los jugadores del equipo de Baloncesto al que él entrenaban se pondrían blancos cuando lo viesen, pero era su hijo ,y además era sólo deporte; aunque había algo más que la satisfacción de la victoria en ello.
      El director de abrió la puerta e invitó a entrar a su profesor de Educación Física. Ambos se sentaron a cada lado de la mesa.
      - ¡ Te quería ver solo para desearos suerte en la final!. Me hubiera encantado ir , pero esta tarde tengo que recibir a unos padres de un expulsado. ¿ Sabes quién es Ramiro Alcántara?. Le ha pegado una pedrada a mi coche , y me ha dejado la luna hecha añicos.
      - Y a lo he oído.Gracias, esperemos que no pase nada y ganemos porque somos mucho mejores.
      - Seguro que sí. También estos del ayuntamiento son un poco cabrones, ¿no crees?. Mira que darle solo la subvención al campeón, y nada al segundo. Así en vez de alumnos demócratas, conseguiremos auténticos dictadores.
      - Sí, la verdad es que ya podrían repartirla un poco más. Si lo logramos, pistas nuevas ¿no?.
      - Sí, si , no te preocupes. Además estamos obligados a presentar facturas para demostrar que los doce mil euros se han gastado en acondicionamiento de las pistas deportivas. Canastas nuevas, porterías nuevas, y una valla completamente reformada para que no se escapen los balones. El resto para el gimnasio.
      - Sí me permite una sugerencia, ¡ agua caliente en las duchas!. ¡Que más de uno me acaba resfriado!.
      - Pues ese puede ser por supuesto un destino. En cualquier caso cuando llegue el momento haremos una lista de prioridades para ver donde se emplea finalmente el dinero, y tu opinión es importante.
      Eugenio no quiso comentarle nada de la presencia de su hijo en el partido, porque el director, aunque comprensivo con Lorenzo, de hecho no hacía caso a ciertos padres que le pedían que lo expulsase ; no hubiera podido evitar pensar en que lograr esos doce mil euros podía llegar a ser una tarea imposible.
      Los jugadores del equipo de baloncesto esperaban a su entrenador a la salida para ver como se trasladaban al partido. Generalmente se repartían en dos o tres coches, uno de ellos el del entrenador, y en los de un par de padres voluntarios. Lorenzo, al que su padre ya había dicho que debía acompañarle esperaba apoyado en el maletero del coche. Los demás hablaban mientras tanto de la posibilidad de ser campeones. A los poco minutos llegó Eugenio.
      - ¿ Bueno?, ¿Qué padres vienen hoy?.
      - ¡ El mío y el de Jaime!- dijo uno de los alumnos.
      - ¿ Y donde están?.
      - El de Jaime esta aparcado allí detrás, y el mío no ha llegado todavía.
      - Bueno pues , haced tres grupos . Cuatro que se vayan con Luis y su padre, otros cuatro con el de Jaime; y conmigo tres.
      Se dividieron como se estipuló, y uno de los grupos se marchó para uno de los coches. Apareció el padre que faltaba , y el segundo grupo se subió en su coche.
      . Venga , vamos para adentro .Dijo Eugenio a los tres alumnos y a su hijo. Lorenzo fue el primero en subir. Los jugadores le siguieron en un respetuoso silencio, y durante el trayecto solo respondían con monosílabos a las órdenes que Eugenio iba adelantando. Ninguno decía nada de la inquietud que les causaba que Lorenzo viajara con ellos. Por un lado ,delante de su padre no se atrevían por vergüenza, y por otro estaban a acostumbrados a convivir con él. La mala suerte a que arrastraba no era algo inmediato a su presencia. Había días en los que nada sucedía achacable a él, e incluso muchos alumnos no creían en nada de lo que se decía pues nada habían sufrido.
      Al llegar se extrañaron de que no hubiese llegado el padre de Jaime con el primer grupo, pues habían salido unos diez minutos antes que ellos, y el trayecto tampoco era muy largo. El otro equipo esperaba sentado en la grada a que terminase el partido anterior. Cuando terminó, se fueron todos hasta la pista, y se colocaron en sus respectivos banquillos. Quedaban quince minutos para el comienzo del partido, y solo había tres jugadores, por lo que malos augurios cruzaron la mente de todos. Lorenzo, que se había quedado en la grada pensó solamente ,“hoy toca montarla”, con total serenidad, pues como se ha dicho no sufría ningún tipo de tormento por su mala fama. Por la puerta del patio del colegio donde se disputaba el partido aparecieron corriendo cuatro jugadores del equipo, lo que alegró profundamente a los que ya estaban allí. Uno de ellos se acercó al entrenador con la voz entrecortada por la carrera.
      -¡ Eugenio…., Eugenio!, decía mientras intentaba respirar. El padre de Jaime ha llamado al mío por el móvil…, y dice que están en un atasco.
      -¿ En un atasco?, ¡joder!. Bueno ,¿y en ese coche vienen Jaime, Jose Luis, Manuel y Ricardo ,no?.
      - Sí.
      - ¡ Me cago en la puta!. El ochenta por ciento del equipo titular en un atasco. El entrenador se quedó callado, y reunió al equipo , donde todos los componentes ya sabían la noticia por el resto de chicos que venían en el coche, en el banquillo.
      - ¡ Chicos!. Esto es lo que hay, y a esto nos tenemos que enfrentar. Los que no son titulares están para suplirlos, y hoy es el día en que esta máxima cobra todo su sentido. Vamos a jugar lo mejor que podamos, y si podemos ganar bien, y si no pues ….( iba a decir mala suerte) habremos perdido y no pasará nada. Puede que lleguen pronto y puedan jugar, pero no quiero pensar en eso. ¿ Y por qué?, porque sí solo pensamos en ellos, sería como decirnos a la cara que somos muy malos y que no podemos jugar por nosotros mismos, y quiero deciros que confío en vosotros plenamente.
      Ninguna de las palabras de Eugenio fueron pronunciadas bajo algún tipo de falsedad. Realmente le daba lo mismo perder, y aunque pensaba en los doce mil euros de premio; era lo suficientemente buen educador como para no perder la cabeza por la codicia. Su pequeña charla le había hecho cobrar la ilusión de que se podía ganar el partido. Eso era lo que pensaba cuando miraba a los dos equipos ya ataviados en el campo para comenzar ; y una agradable sonrisa inundaba su rostro. Pero poco a poco, sin remedio alguno, comenzó a calibrar instrucciones para el equipo; y fue dándose cuenta de que en todos los partidos anteriores estas eran vertidas principalmente sobre dos jugadores, que en ese momento se encontraban atrapados en algún punto de la ciudad. Esos dos jugadores, que eran Jaime y Ricardo, lograban siempre más de la mitad de los puntos. El primero era el base y organizador del juego, y el que más posesión de balón ostentaba; y Ricardo además de ser bastante alto y fuerte; era una delicia técnica. De hecho ambos, dejarían este año el equipo escolar para formar parte de las categorías inferiores del club de la ciudad. La primera canasta fue del contrario, la segunda también, así como la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta, y la séptima; solo entonces lograron anotar sus primeros dos puntos. No cambió mucho la cosa en el resto de la primera parte, y llegaron al descanso perdiendo de veintiséis puntos. Todos estaban abatidos en el banquillo. Pero en ese momento aparecieron los cuatro jugadores que faltaban. Lo que tampoco animó mucho a sus compañeros que los recibieron con la triste noticia del resultado, pero sí a Eugenio que creía en el milagro. Alineo al equipo titular, que hicieron una segunda parte espectacular, tanto que no merecieron que el destino fuese tan cruel con ellos dejándolos solo a un punto del empate. Al finalizar el partido todos lloraban desconsolados. El entrenador y el par de padres les llenaban los oídos de frases típicas, pero su desolación era francamente atroz.
      Por la noche, ya en casa, Lorenzo se encontraba viendo la tele cuando entró su padre en el salón .Se sentó a su lado.
      - ¿ Como estás?. Le preguntó.
      - Bien, aquí viendo una película. Hoy tendrías que haberme mandado a casa en un taxi.
      Eugenio abrazó a su hijo.
      - Hoy tenías que venir conmigo y conmigo fuiste. Le dio un beso y le acompañó hasta que terminó la película.
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