"El gafe" capítulo 1

    • juanluis2
      juanluis2
      Bronce
      Registro: 03-01-2010 Artículos: 128
      Aquí va el primero de los relatos que os dije que iba a publicar una vez obtenida la aprobación del un admin.
      Que un novato venga hablando degafes en una web como está es como para que me baneen pero allí va.Este capítulo es un poco más corto que los demás. Gracias por vuestra lectura.



      1





      Eugenio tocaba con alegría la puerta nueva que acababan de instalar.
      - ¡Es resistente!, ¿ no crees?.
      - Sí , eso parece. Le contestó su mujer dando unos golpecitos en la misma.
      - La verdad es que nos ha costado un riñón.
      - Y ahora no estamos para muchos gastos, y menos con el niño; pero había que hacerlo. La anterior era un papel de fumar, y ya ha habido unos cuantos robos en el barrio.
      Después de mirarla durante un rato, se fueron al salón. Ella se sentó en el sofá, y él antes de hacerlo le preguntó si quería tomar algo.
      - ¡Hazme un té!, si no te importa cariño.
      - ¿ Como me va a importar cuidarte?. Anda quédate ahí tranquila, que hoy puede ser el gran día.
      Virginia encendió el televisor, y comenzó a ver las noticias mientras se tocaba con suavidad su prominente barriga. Ya se habían cumplido los nueve meses, y el ansiado bebé podía llegar en cualquier momento. Mientras tanto, él vigilaba el agua de la tetera. Cuando el humo comenzó a silbar apagó el fuego, preparó una bandeja con dos tazas, sus platos y cucharas; y un azucarero. Vertió el agua caliente sobre la primera, pero cuando se disponía a hacer lo mismo con la segunda escuchó la voz de su mujer.
      - ¡Eugenio!. Eugenio, que me parece que ya empiezan las contracciones.
      Corrió rápido hacía el salón.
      - ¿ Ya ?. Bueno ,tranquila. Vamos para el hospital.
      Ayudó a su esposa cuidadosamente a ponerse en pie. Salieron del piso, y llamaron al ascensor. La luz no se encendía, ni tampoco escuchaban el característico ruido que indica que se ha puesto en marcha. Tocó con insistencia el botón.
      - ¡Joder!, ¡ que coño le pasa a esto!.
      En ese momento salió la vecina al rellano.
      - ¡ No funciona!. Se estropeó esta mañana.
      - ¿¡ Que se estropeó esta mañana?!. ¡ Menuda faena!. Pues habrá que bajar andando.
      - ¿ Ya viene el niño?. Virginia respondió afirmativamente.¡ Venga que os ayudo!. La vecina se ofreció, y entre los dos agarrando a la futura madre por los brazos fueron bajándola por las escaleras. Una vez en la calle, entraron en el coche, y la vecina se despidió deseándole lo mejor en el parto. Eugenio metió la llave en el contacto, pero el coche se resistía a arrancar. Lo volvió a intentar varias veces pero todo era en vano.
      - ¿ Que pasa?. Preguntó su mujer.
      - ¿Qué que pasa?. Que este puto coche lleva con la batería dándome problemas desde hace días, y hoy, precisamente hoy; se me tiene que estropear.
      - ¿ Llamamos a una ambulancia?.
      - Sí, claro, claro. Habrá que llamar a una ambulancia. Sacó el móvil de su bolsillo.
      - ¡No me toques las pelotas!. Tampoco tiene batería. ¿Tienes el tuyo ahí?.
      - Esta en el bolso, pero no tengo saldo. Cariño , que esto va a más , no quiero tener a mi hijo aquí.
      - Aguanta mi amor, aguanta. Voy a ir a casa a llamar desde allí. Salió corriendo del coche. Comenzó a subir los peldaños de tres en tres, con tanta celeridad se empleaba, que no pudo evitar resbalar en una de sus largas zancadas, y golpearse la mandíbula contra uno de ellos, partiéndose dos dientes. Se levantó soportando el terrible dolor, y entró en su piso, descolgó el auricular del teléfono fijo, y marcó el número de la ambulancia.
      - ¿ Servicio de ambulancias, digamé?.
      - Sí, hola, buenas tardes. Miré, mi mujer está de parto, y no puedo llevarla al hospital porque se me ha estropeado el coche.
      - Lo entiendo Señor, pero ahora mismo es imposible. No tenemos ninguna ambulancia disponible.
      - Pero, ¿Cómo que no hay ninguna disponible?, ¿ alguna habrá, no?.
      - Ninguna, señor. Había cuatro, pero una se ha estrellado, otra también cuando iba a socorrer a la primera; y de otra el conductor no recuerda donde la ha aparcado.
      - ¿ Y la cuarta?.
      - La cuarta la ha incendiado un transexual descontento con su operación de cambio de sexo.
      - ¡ Joder!, ¿ y que hago?.
      - Le recomendamos que llame a un taxi.
      - ¡Eso es coño, un taxi!. Marcó rápidamente el teléfono.
      - ¿ Radiotaxi , digamé?.
      - Hola, mande un taxi rápido a la calle Del Perdón número 7.
      - Imposible Señor. Estamos en huelga, y los servicios mínimos están todos ocupados. Si quiere le pongo en lista de espera.
      - ¿Y cuanto va a tardar?.Preguntó alucinado.
      - Una media hora.
      - ¡Media hora!. Dejeló . Colgó rápidamente, y salió flechado hacía la calle. En el coche su mujer respiraba fuertemente.
      - Cariño, no te lo vas a creer , pero no puede venir ninguna ambulancia ni ningún taxi. Y no me preguntes el porqué, por que es una locura, ¿Sabes lo que vamos a hacer?, te voy a llevar a casa, y vamos a llamar a Maria Jesús, la vecina del octavo, que es enfermera y a lo mejor sabe que hacer.
      A los pocos minutos Virginia reposaba en su cama, mientras su marido corría endiablado por las escaleras. Tocó el timbre , abrió su vecina, que se ofreció a bajar, pero con las prisas se cayó por las escaleras, y no podía levantarse.
      - ¡Llama a una ambulancia Eugenio!.
      - Pero si te acabo de explicar lo que me ha pasado.¿ Te duele mucho?, ¿tienes algo roto?.
      - ¡No , roto creo que no!.
      - Bien ,pues espera aquí. Entraré en mi casa, y llamaré a mis amigos. Aunque seguro que están todos de viaje.
      Bajó de dos en dos los peldaños. Al llegar a la puerta, los gritos de su mujer eran ya preocupantes. Metió su mano derecha en el bolsillo derecho, y no estaban las llaves, luego metió la izquierda en el izquierdo, y tampoco estaban allí; después metió la derecha en el izquierdo , y la izquierda en el derecho; pero ni rastro. Se palpó el bolsillo de la camisa, los bolsillos traseros del pantalón, y hasta miró dentro de los zapatos. Se había dejado las llaves dentro.
      - ¡Virginia!, ¡abremé!, ¡me he dejado las llaves dentro!.
      - ¡ No puedo levantarme!, ¡ que viene Eugenio, que viene!.
      - ¡Virgen de Dios!, ¿ y ahora que hago?.
      Subió hasta donde estaba la enfermera, esta le dio las llaves de su piso. Desde allí llamó a los bomberos.
      - ¡Están apagando una ambulancia!.Le contestaron por teléfono.
      Bajó corriendo hasta la carnicería , y le pidió un hacha al carnicero; con el cuál pudo destrozar su magnífica puerta que no tenía ni dos horas de vida. Una vez dentro ayudó a su mujer como pudo, y finalmente nació su hijo, al que llamarían Lorenzo
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