¡ Al fin, mi sueño Black Member ¡

    • Rainmy
      Rainmy
      Super Moderador
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      Registro: 07-17-2009 Artículos: 12.624
      Por fin entraba a lo que era mi sueño del último año: ser un black member y asistir a la fiesta. Confieso que me obsesioné demasiado. Me trastornaba adivinar que realmente sucedía en esas fiestas, y si lo de los videos era tan sólo lo publicable. Tanta diversión, tanto alcohol, tantas mujeres, tanta desinhibición. Había visto todas las grabaciones de la fiesta que hay en la web: muchas chicas bellas y retadoras, ligeras de ropa, y con ofertas permanentes de alargar aún más la ya dilatada noche; me hacían presagiar que la de aquel día sería inolvidable.

      Entré al salón en medio de un recibimiento de humo y de un tipo de música que siempre he detestado, pero que en aquel momento bien valía el sacrificio. Lo primero que hice fue buscar a una de esas tantas mujeres ardientes de los videos, pero apenas pude ver que habían 2 ó 3, en un área rodeada de cámaras y organizadores, por cierto, todas poseían una cara bastante seria, pero cuando se disponían a tomarle las fotos cambiaban de rostro como de expresiones, adquirían una faz sensual, como si estuvieran hambrientas de hormonas masculinas, exudaban gestos eróticos: lamían una, dos botellas, se lamían entre ellas; pero con la misma rapidez que los flashes se apagaban, ellas volvían a separarse y adquirían nuevamente su rostro severo. Inmediatamente recordé el presentimiento que tuve durante la cena al ver a algunas mujeres black member, se me ocurrió pensar que la fiesta no era así como la pintaban, con tanto depravación y locura. ¿Cómo se hacía con la presencia de esas colegas? Ante la posibilidad de que el sueño se rompiese, me hice creer a la fuerza, que seguro los organizadores traían también a hombres, igualmente depravados y hambrientos, para complacerlas a ellas.

      En este punto de la noche decidí sentarme en uno de los lugares cerca de la entrada para cuando llegaran las mujeres ser uno de los primeros en escoger. Estando ya sentado, la ansiedad me hizo beber una copa y otra. El ruido, o el eufemismo que los anfitriones generosamente utilizaban: “la música”, era infernal. Me sentía como si estuviese en uno de esos autobuses de mi ciudad, atestado de gente y con el radio a todo volumen. No sé cuánto tiempo pasó, ni mucho menos las copas que me tomé, pero la ansiedad de liarme con una fémina me estaba debilitando o quizás era un síntoma producto de las burbujas de la bebida que llegaban a mi cabeza. Por la ociosidad que produce esta espera es que pude darme cuenta de algo, que durante todo el día no me había fijado: la aplastante mayoría de hombres. Cuando ya creía que todo lo que se muestra en la fiesta era una farsa, percibo un movimiento cerca de la entrada, y entra un grupo de chicas, ¡ ésta era mi gran oportunidad ¡ Pasaron por mi lado y antes que terminara de pasar la última, le agarré el trasero a una de ellas. Me sentí como esos jugadores de basket, que con una de sus manotas cubre completamente un balón, asiéndolo de manera perfecta.

      Estando en pleno regocijo teniendo aún la presa entre mis manos, veo el rostro de mi víctima, y me sorprendió ver su cara bien roja de la ira: ¿se suponía que iba a estar complacida, o no? En medio de la sucesión de palabras y gestos amenazadores que sucedieron a continuación, el ruido sólo me permitió escuchar las siguientes palabras desordenadas: esposa-pokerstrategy-presidente. Me desplomé en el mueble. A los 10 segundos tres hombres fornidos con facciones y gestos intimidantes, pero paradójicamente utilizando unas palabras bastante refinadas me dijeron: Tenga usted la amabilidad de retirarse de la fiesta, un taxi lo espera en la salida del local para trasladarlo a su hotel. Inmediatamente me incorporé y salí, los fortachones quedaron atrás como lamentando que yo hubiese acatado las órdenes emanadas de sus fingidas palabras. En efecto, un taxi estaba en la puerta y me llevó al hotel. Me fui a la habitación y estuve en shock un buen rato, pude dormirme ya cuando amanecía.

      Lo primero que hice al despertarme fue agarrar la laptop, y aprovechando el wifi me conecté a pokerstrategy. Me extrañó que la página me llevara a la de bienvenida por primera vez. Introduje mi nombre y mi clave, y me salió unas letras enormes que decían: Tu cuenta ha sido desactivada. Estaba baneado.

      El estado en que me encontraba era inexplicable. Muy dentro de mí sentía un frío arrasador; mientras que toda mi piel era abrasada por un insoportable calor. De repente, sonó el teléfono de la habitación: era el recepcionista. Me dijo que tenía que alistar mis cosas porque muy pronto era el check out. Le dije que se trataba de un error y que tenía habitación hasta el siguiente día, fecha de mi vuelo. Me dijo que habían eliminado el día de mañana, y que en una hora subía el botones para ayudarme a bajar mis cosas. Como pude empaqué. Una vez en la recepción, pedí el teléfono prestado y llamé al aeropuerto, la línea aérea me dijo que yo no tenía ninguna reservación, mi localizador era inlocalizable.

      Una terrible sensación de soledad y de indefensión me invadió. Una vez afuera del hotel, me senté en la primera banca que vi. Con mis maletas a un lado y lamentándome hasta el cansancio, me empezaron unos mareos y me dieron unas ganas de vomitar. Sentí que mi cuerpo se doblaba, la mitad se declaraba incapaz para seguir en pie. Ya en el descenso, y muy próximo al suelo metí mi mano. De pronto, en lugar de sentir la rugosidad del pavimento, percibí el intenso frío de las baldosas que me hizo abrir fuertemente los ojos. ¡Guao, era un sueño ¡ Estaba en mi casa, en mi habitación, cuasi sentado en mi poltrona para jugar poker en la laptop. Me senté correctamente en la silla, moví el mouse para ahuyentar al protector de pantalla, cuando se disipó, apareció la portada de pokerstrategy, y en la parte izquierda, irradiando como un sol, estaba mi estatus oro. Me llené de júbilo y de una gran satisfacción al ver mi estatus, y que todo había sido un sueño. De ahora en adelante iba a disfrutar cada momento que me diera estatus alguno, si alguna vez llegaba a ser black member, bienvenido sea, pero tampoco me iba a obsesionar por alcanzarlo ni mucho menos por estar en su muy apetecida fiesta.
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