Nachito barbero super argento

    • alanfeltan32
      alanfeltan32
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      Registro: 02-13-2016 Artículos: 11
      Hace 15 años que juega a las cartas: primero, al Magic: The Gathering; ahora, al Texas Hold’em y a otras variantes de juego posibles con la baraja francesa. Un “Maverick” de la era digital. Comenzó con el boom del póker en Internet a “imprimir dinero” pero pronto se dio cuenta de que no estaba hecho para sentarse todo el día en una silla, y encontró en el circuito de póker en vivo el cambio que necesitaba: hoteles, lujos, mujeres, recorrer el mundo, una vida artificial casi perfecta.

      Aeropuerto de Ezeiza. Cientos de vuelos parten y arriban a diario desde y hacia destinos de todo el mundo. El entorno es bullicioso. La gente no cesa de hablar. La ansiedad se dibuja en el rostro de cada viajero. No en el de José Ignacio Barbero, Nacho para los conocidos. No habría por qué. ¿Quién vive como un acontecimiento especial tomar el colectivo cada mañana para ir a trabajar? El mejor jugador argentino de póker está a minutos de abordar un avión por trigésima vez en el año. Cuando alguien ostenta con sólo 29 años haber estado una decena de oportunidades en Japón, por citar sólo un destino exótico, el panorama se completa.

      Ni bien comienza la entrevista hay que pedirle que apague por favor sus dos celulares: un iPhone y un Blackberry. En los primeros cinco minutos, no cesaron de emitir alertas a dúo. Alguien siempre tiene algo para decirle. O la empresa que lo patrocina, Pokerstars, el mayor sitio de póker en Internet. O sus 4407 contactos en Facebook. O alguien más cercano que quiere aprovechar para saber cómo está aquel ser querido que ahora, en su faceta “star”, pasa sólo un par de meses al año en su país natal.

      Accede a desconectarse del mundo social con amabilidad. Quiere hacer la entrevista. Se siente cómodo con el reconocimiento, le gusta, alimenta su ego. Lo necesita y confesará oportunamente: “Para ser el mejor, tenés que creértela”.

      Exuda confianza. Esa fe ciega de que todo se va a conjurar a su favor. Algo fundamental cuando ponés todas tus fichas en el centro del paño verde y tus cartas pueden significar que ganes un millón de pesos en los próximos 60 segundos.
      Desde chico Nacho fue generando ese carácter necesario para correr riesgos. En la ciudad de Campana, donde vivió desde el año de vida, hacía lo que quería. Ese chico popular por su manera de ser extrovertida también guardaba un costado freak. El mismo que lo llevó a visitar comiquerías y, un día, comenzar a jugar Magic: The Gathering (MTG), un juego de cartas coleccionables con una alta dosis de estrategia, comparable con el ajedrez. Con las cartas en manos se dio cuenta de que tenía ventaja. De que estaba siempre un paso delante del prójimo. “No le puedo poner una palabra. Pero lo puedo explicar. Es como si hubiera varios niveles de pensamiento y yo pudiera estar un escalón arriba anticipando la jugada del resto”.

      – O sea que jugador de cartas se nace…
      – Sí. Hay algo de talento natural que tenés que pulir con horas de práctica y de estudio. Si no lo tenés, podés competir pero vas a correr desde atrás al resto.

      Y pronto vio como los demás le miraban el número de la camiseta. Comenzó a ganar torneos de MTG y, eventualmente, fue miembro del Seleccionado Nacional. Empezó a competir en el exterior y a forjar amistades en otras latitudes. Un día, uno de sus amigos le ofreció irse a vivir a Francia. Y aceptó.

      – ¿Por qué tomaste la decisión de irte de Argentina?
      – Era la época de la crisis. El país se estaba cayendo al barranco. Yo estudiaba abogacía y me gustaba, pero por dentro tenía la corazonada de que tenía que hacer otra cosa. Cuando mi amigo me llamó, no pude eludir la oferta.

      Apoyado por sus padres, quienes siempre estuvieron al pie del cañón, armó las valijas. Poco sabía de francés, pero se adaptó rápido. No llegaba a conseguir trabajo pero, como vivía de prestado, le alcanzaba con poco. Muy distinta era la vida de aquel Nacho que, con dos décadas a cuestas, viajaba horas en micro para competir en Capital Federal y se quedaba durante días en casas de amigos, muchas veces durmiendo en colchones en el piso.

      Antes de que sus preocupaciones europeas fueran amargas ganó miles de dólares en un torneo de MTG. Y coronó un par más de eventos. Se mantuvo así por un año hasta que una noche el destino le haría un guiño.

      – ¿Cómo fue que empezaste a jugar póker?
      – Estaba viviendo en Paris con un amigo que ya jugaba póker online. Yo lo veía a mi amigo ganar y dije: “Esto es fácil”. Así que una noche le pedí prestada la cuenta. Iba a gastar unos pocos dólares, pero me cebé y al cabo de unas horas había perdido todo, unos 800 en total. Toda la plata que me quedaba eran mil euros. Estaba hecho bolsa. No podía dormir. Me acuerdo que daba vueltas en la cama.
      Al otro día le prometí a mi amigo que le devolvería el dinero en unos meses. Por suerte se convirtieron en semanas porque empecé a ganar.

      Hubo un tiempo en que sintió que imprimía dinero. Sabía jugar y los sitios de póker online estaban repletos de “pescados”, término que utilizan los “tiburones” para definir a aquellos apostadores que llenan sus arcas como si se tratase de una cadena alimenticia.
      Cansado de vivir afuera, comenzó a extrañar y regresó a Argentina. Alquiló un departamento en Recoleta y empezó a vivir como un dandy: restaurantes caros, ropa de marca, mujeres lindas.

      Su habilidad en el mundo digital y su carisma en el mundo social llamaron la atención de Pokerstars, una suerte de casino online para jugar al póker. Le ofrecieron patrocinarlo a cambio de que se convirtiera en representante de la marca. Además de hábil con las cartas, Nacho es fachero –alto, delgado, de ojos claros-, no teme a las notas, las fotos, la exposición. No tenían que pensarlo demasiado. Y no erraron.

      Durante los siguientes años, se consolidó como el mejor jugador argentino y uno de los mejores a nivel mundial. Llegó a ganar un par de millones de dólares y su imagen alzando trofeos comenzó a recorrer el mundo. Las revistas ofrecían sus postales: campeón del Latin American Poker Tour –el torneo más prestigioso del continente- en dos ocasiones: Lima y Punta del Este en 2010; ganador del torneo para grandes apostadores en Londres, también el año pasado, 20 mil euros de inscripción, 550 mil euros de primer premio, y, días atrás, un segundo puesto en una final anual en el casino Conrad de Punta del Este y un cheque de 250 mil dólares en su haber.

      – ¿Y qué hacés con las ganancias?
      – Una parte invierto en negocios y el resto lo uso para mantenerme. Tengo un nivel de vida muy caro, de unos 15 mil dólares mensuales.

      Los 15 mil dólares mensuales se traducen en aviones, destinos distantes, hoteles cinco estrellas, una vida nocturna agitada, y ese jean, esa remera y esos zapatos que viste y cotizan en euros.

      El éxito le trajo fama y experiencias únicas: compartir un VIP en Barcelona con Lionel Messi, o viajar en el más exclusivo barco de Mónaco con Gastón Gaudio. Tiene gustos refinados, rasgo que aplica también en el terreno femenino. En su paso por Buenos Aires compartió su estadía con una bella modelo en ascenso.

      Sonríe canchero, pero en esa risa esconde algo de timidez, algo de aquel chico de barrio que cumplió el sueño del pibe. Está contento, pero extraña, de nuevo. Hace mucho que no para. Ni siquiera cuando murió su padre un par de años atrás se detuvo. Recuerda que estaba en Las Vegas, en plena Serie Mundial de Póker, cuando recibió ese maldito llamado. Su papá estaba internado y el cuadro de la enfermedad que padecía se había vuelto crítico. Se tomó el primer avión. Llegó a tiempo. El padre aguantó más de lo predicho, habló con su hijo y murió unos minutos después.

      Nacho volvió a Las Vegas. Su padre le pidió que lo hiciera.

      Resiliencia. No mirar hacia atrás. Andar con la cabeza en alto. Aprendió la lección del ganador. Como dice la cita extraída de una publicidad de Nike que adorna su perfil en Facebook: “Do the best. You can. And never look back”.

      Mirar hacia adelante.

      “Quiero tener familia, hijos. Quiero enamorarme. Es imposible que tenga novia viajando tanto. No puedo estar con mis seres queridos. Hay mil cosas que quiero y no puedo hacer. Por ejemplo, estudiar teatro, ¡ojalá pudiera! Ojo, no me quejo. Amo la vida que tengo, sería un desagradecido de lo contrario. Pero creo que es momento de bajar un cambio y en cinco años establecerme”.
      Cumple al pie de la letra el axioma de que se desea lo que no se tiene. Pero se puede quedar tranquilo de que son más los que lo envidian a él.

      Antes, tendrá que alcanzar su meta: la pulsera de la Serie Mundial. Una presea dorada que se obtiene al ganar alguno de los 50 eventos que se celebran cada año durante dos meses en Las Vegas. Allí participan los mejores del mundo. Los “barberos” de cada rincón del planeta. Está en la búsqueda de prestigio. Lo prefiere ante el dinero. Pero reconoce que es una respuesta conveniente. “Uno viene acompañado del otro”.

      Al menos lo es así en su universo de picas, tréboles, diamantes y corazones. Un mundo que crece al ritmo de miles de millones de dólares que otorgan una pincelada de glamour al que otrora fuera un ámbito destinado a tahúres de poca honra.
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