La devolución de los fondos congelados en las cuentas de los jugadores ha sido el tema estrella del traspaso de poderes entre la directiva de Full Tilt y PokerStars. El impacto inicial y la resaca de la noticia han estado acompañados de una banda sonora digna del final feliz de la pelicula más familiar de la cartelera.
Sin embargo, no hay que olvidar que Full Tilt Poker, como toda empresa, además de activos, tenía obligaciones y temas pendientes de solución.
En el plano económico, PokerStars tendrá que decidir la estructura de los diversos departamentos de su nueva sala. Todo parece indicar que Pocket Kings seguirá en funcionamiento. En este complejo de oficinas se llevaba a cabo el trabajo administrativo y de márketing de Full Tilt Poker, incluido el servicio de atención al cliente. PokerStars ya abonó las nóminas de julio del personal de esta compañía y el soporte al cliente ya está en funcionamiento.
Hay un tipo concreto de empleados de Full Tilt que exigen una respuesta a su situación, los jugadores profesionales patrocinados. Además de los integrantes del “Full Tilt Poker Team”, algo habrá que hacer con los conocidos como “FTP Red Pro”, por el color rojo que destacaba su nombre en el lobby. En una fecha tan lejana como agosto de 2011, el austriaco Erich Kollmann declaraba extinto su contrato unilateralmente. Es sólo un ejemplo de lo mucho que puede variar la situación en cada uno de los casos, y la cuadra de Full Tilt llegó a tener cerca de 200 jugadores. La situación contractual y el futuro de estos jugadores es problema ahora de PokerStars.
Algunos de estos pros de Full Tilt tenían una relación muy estrecha con la directiva, tanto que la caja de Full Tilt Poker servía como fondo de crédito para varios de ellos. Los últimos coletazos de las negociaciones entre el Groupe Bernard Tapie y el Departamento de Justicia llevaron a los titulares importantes deudas con nombres y apellidos, como los de Barry Greenstein, Erick Lindgren o Phil Ivey. PokerStars estaría en todo su derecho de reclamarlas.
Otra decisión importante, una vez se ha anunciado que Full Tilt Poker volverá a funcionar, será la de mantener el programa VIP, que incluía un 27% de rakeback, y varios sistemas de fidelización, el Ironman y el reparto de puntos FTP, simbolizados por la Black Card. Este modelo es diametralmente distinto al de la sala de la pica roja y tenía un peso importante en la planificación de muchos regulares.
Un problema de organización importante se gestó tras el cierre de Full Tilt en Estados Unidos en el Black Friday. Muchos jugadores estadounidenses emigraron para poder seguir jugando, hasta la retirada definitiva de la licencia que significó el fin de las operaciones de Full Tilt dos meses después. El acuerdo de compra de la sala reparte las obligación de hacer frente a los balances de los jugadores, y los estadounidenses tendrán que pasar por un proceso de remisión supervisado por las autoridades, en contraposición a la comodidad de tener tus fondos disponibles en el cajero de la sala en cuanto reabra. El problema se reproduce en el caso de varios jugadores europeos que se tuvieron que mudar para poder jugar en las “.com”, escapando de la regulación local.
A esta situación ya se le ha puesto remedio. Cada jugador tendrá que someterse a un proceso u otro según el domicilio aprobado en su cuenta de Full Tilt a 29 de junio, como ha confirmado Lee Jones, miembro de la directiva del nuevo propietario.
El plazo que tiene PokerStars para lidiar con esta agenda coincide con el que contempla el acuerdo para que los jugadores tengan sus fondos a su disposición, que es de 90 días. Estos tres meses empezarán a contar desde el traspaso formal de activos, que tendrá lugar el 8 de agosto.